Edgardo Prieto decidió aprender un oficio técnico para abrirse camino en un nuevo mercado laboral. Después de formarse en Electricidad en Expertia Formación, hoy trabaja en un astillero reparando motores y sistemas eléctricos de barcos pesqueros.
La trayectoria de Edgardo Ivan Prieto Benavides demuestra que cambiar de profesión es posible incluso después de pasar varios años sin estudiar. Antes de llegar a Expertia Formación, trabajaba como Area Manager en gestión de franquicias en la Península, Baleares y Canarias.
Su formación original, sin embargo, pertenecía a un ámbito completamente diferente. Edgardo estudió Bioquímica, aunque nunca pudo ejercer debido a las dificultades para homologar su titulación y completar la documentación necesaria.
Su futuro profesional empezó a cambiar después de conversar con un amigo que trabajaba reparando turbinas eólicas.
“Me dijo que hiciera un curso de electricidad para acceder más rápido a ese campo laboral. Es un sector en el que se puede ganar muy bien”, afirma.
Empezar prácticamente desde cero
Aunque Edgardo había tenido cierto contacto con el embobinado de motores eléctricos, sus conocimientos eran todavía muy básicos. Su trabajo se limitaba a introducir el alambre de cobre, mientras que otras personas se encargaban de realizar las conexiones.
“No tenía conocimientos de conexiones eléctricas ni de automatismos. Ni siquiera sabía lo que era un contactor”, explica.
Buscando una formación que le permitiera aprender de una manera práctica, encontró el Curso de Electricidad de Expertia Formación. Uno de los aspectos que más influyó en su decisión fue la posibilidad de comenzar a practicar desde las primeras etapas del aprendizaje.
Además, tenía un objetivo y un plazo muy concretos. Su mujer es de las Islas Feroe y Edgardo sabía que se trasladaría allí, por lo que organizó cuidadosamente el tiempo que tenía disponible para estudiar antes del viaje.
Durante aproximadamente tres meses dedicó muchas horas diarias a su formación. La posibilidad de avanzar el contenido desde casa y acudir al centro para estudiar y practicar le permitió adaptar el curso a sus circunstancias.
“Me gustó poder adelantar el contenido en casa, tomar apuntes y tener también un hábito de estudio dentro del centro. A veces, en casa te distraes o te da pereza leer, pero acudir presencialmente hace que tu rutina sea diferente”, señala.
Aprender a interpretar una instalación eléctrica
Entre todos los conocimientos adquiridos, Edgardo destaca especialmente la lectura de esquemas eléctricos. Esta capacidad le permite comprender cómo funciona una instalación, localizar sus componentes y detectar con mayor rapidez el origen de una avería.
También considera fundamentales las prácticas con el polímetro y el comprobador multifunción, así como el trabajo con contactores, cuadros de automatismos y motores eléctricos.
“Saber leer esquemas ha sido lo más importante. El uso del polímetro ha sido vital para mí, igual que el comprobador multifunción para revisar una instalación después de terminar un trabajo”, afirma.
Durante el curso también practicó maniobras como el arranque estrella-triángulo de motores eléctricos y aprendió a localizar cada cable dentro de un cuadro de automatización. Son conocimientos que ahora aplica en situaciones reales.
“Gracias a ello he podido descubrir fallos rápidamente”, añade.
Una oportunidad profesional en las Islas Feroe

Al instalarse en las Islas Feroe, Edgardo presentó su candidatura en diferentes empresas. Su combinación de conocimientos eléctricos y experiencia previa en el embobinado de motores encajó con el perfil que buscaba un astillero de la zona.
Actualmente forma parte del equipo que trabaja en el mantenimiento y reparación de barcos pesqueros. Cuando una embarcación llega al astillero, participa inicialmente en su preparación y, si se detecta alguna avería eléctrica, se incorpora al equipo encargado de localizarla y repararla.
Los barcos necesitan motores para mover cargas pesadas y accionar diferentes sistemas, incluidos los hidráulicos. Cuando uno de esos motores falla, el equipo lo revisa, lo retira del sistema y lo traslada al área de reparación. Dependiendo del problema, puede ser necesario reparar sus conexiones o realizar un nuevo embobinado.
El trabajo se desarrolla, además, en un entorno en el que la seguridad resulta especialmente importante.
“Lo más emocionante es hacer una reparación en el océano. Se necesitan protocolos de seguridad muy estrictos”, cuenta Edgardo.

Según relató el propio Edgardo, esta oportunidad le ha permitido acceder a una remuneración de entre 3.200 y 4.000 euros, además de adquirir experiencia en un entorno industrial muy especializado.
“Mi calidad de vida ha dado un giro total”
Para Edgardo, el cambio no ha sido únicamente profesional. La formación le ha ayudado a comprender mejor las instalaciones eléctricas de su entorno y le ha dado autonomía para resolver pequeñas averías.
“La verdad es que todavía sigo sorprendido de saber dónde estoy y de que mi calidad de vida haya dado un giro total. Ahora entiendo mejor lo que sucede cuando aparece un fallo. Si es en casa, puedo repararlo yo mismo”, cuenta.
También ha cambiado su manera de relacionarse con otros profesionales. Ahora comprende el vocabulario técnico y puede participar en conversaciones que, poco tiempo atrás, le habrían resultado completamente desconocidas.
“Cuando escuchas hablar a personas con más experiencia, entiendes su lenguaje, y eso se siente muy bien”.
La formación abre la puerta; la experiencia completa el aprendizaje
Edgardo tiene claros sus próximos objetivos: adquirir experiencia laboral, aprender el idioma local y continuar mejorando los conocimientos obtenidos durante el curso.
Su consejo para quienes se plantean aprender electricidad o cualquier otro oficio técnico es sencillo: comenzar sin esperar a sentirse completamente preparados.
“Que no duden. Es algo que puedes aprender muy rápido. Al final, el tiempo te da la experiencia y el trabajo de campo termina de formarte. Lo importante es poder comenzar”.
Edgardo ya ha recomendado Expertia Formación a varias personas. Su historia refleja una realidad cada vez más visible: aprender un oficio técnico puede abrir oportunidades profesionales en sectores, empresas y países que antes parecían fuera de alcance.
En su caso, aquel primer contacto con los automatismos eléctricos se ha convertido en una nueva profesión entre motores, cuadros eléctricos, barcos pesqueros y reparaciones en medio del océano.


